TRAS SER ATACADO, EL NUEVO TECNICO DE BRASIL GOZA AHORA DE RESPALDO
A un año de Sudáfrica 2010, Brasil vive su mejor momento desde que el técnico Carlos Dunga aceptó en 2006 el desafío de levantarle la moral al pais do futebol y recuperar a una seleao frustrada por no haber cumplido en Alemania el sueño de conquistar el hexacampeonato mundial.
El entonces inexperimentado Dunga tuvo que enfrentar las ironías y elucubraciones de los más renombrados analistas y los negros vaticinios de los 180 millones de técnicos que hay en Brasil, según se suele decir.
El mundillo del fútbol se debatía entonces entre una discreta cautela y una grosera desconfianza, mientras todos, al unísono, afilaban las uñas de cara a la Copa América de 2007, la primera prueba de fuego para el ex dueño del mediocampo.
Y Dunga pasó la prueba. Sin el jogo bonito que suele caracterizar al gigante sudamericano. Y con humildad. Tanto que llegó a declarar, un día antes de la finalísima del torneo en el que Brasil buscaba reeditar el título: Argentina es la favorita.
Pero dentro del campo de juego, un contundente 3-0 sobre el hasta el momento invicto archienemigo, conseguido sin los astros Kaká y Ronaldinho, puso la pelota en la cancha de quien fuera tetracampeón con Brasil en Estados Unidos 1994: desconfiados y detractores podían acusarlo de no ser el técnico ideal, pero no podían imputarle nada más.
Después llegó el comienzo de las eliminatorias para Sudáfrica 2010. Los altibajos se sucedieron en una selección brasileña en la que Dunga probó caras nuevas y desechó estrellas. Brasil llegó a caer al sexto lugar en la tabla de clasificación, y las tribunas tronaron
pidiendo la cabeza del técnico.
HABLA CON TRIUNFOS
Otra vez, Dunga silenció con triunfos los rugidos enardecidos.
Brasil mejoró, remontó y cumplió su objetivo de llegar a la Copa de las Confederaciones con la tranquilidad de ocupar la zona de clasificación para el Mundial de 2010. Como si eso fuera poco, lo hizo liderando en solitario la tabla, a tres puntos de sellar su pasaporte para viajar a Sudáfrica en 2010 a la búsqueda del hexa.
La Copa de las Confederaciones no es la prioridad, aclaró Dunga en cuanto tocó tierras africanas, y la frase hizo eco en el sufrido debut ante Egipto y el sorpresivamente difícil partido ante Sudáfrica en semifinales.
La final ante Estados Unidos fue el sello de oro de la era Dunga. Como para que sus críticos tuvieran de qué hablar hasta el último suspiro, Brasil se fue al intervalo dos tantos abajo de un Estados Unidos sorprendente, pero volvió renovado, descontó, igualó, amplió y levantó su tri en el torneo, hecho inédito que lo puso además a la cabeza del ranking de la Fifa, en lugar de España.
Con Brasil nadie puede, sintetizó el portal Gazetaesportiva el orgullo nacional. Y con Dunga tampoco, se podría agregar.
De aquí en más, con el comando firme, cómodo en el camino hacia el hexa y con un flamante nuevo título en su rica colección, Brasil deberá prestar especial atención para espantar al fantasma de 2006, cuando tras golear a Argentina en la final de la Copa de las Confederaciones de 2005, cayó un año después en los cuartos de final en Alemania.